Con US$38 billones en capitalización, la tecnología deja de ser un sector para convertirse en la infraestructura central de la economía global. América Latina enfrenta el reto de insertarse en esta nueva arquitectura industrial.
NUEVA YORK — En 2025, el ranking sectorial de capitalización global revela una transformación silenciosa pero decisiva del orden productivo mundial. Tecnología, servicios financieros e inteligencia artificial concentran más de US$73 billones en valor agregado, consolidándose como infraestructuras estratégicas del nuevo ciclo económico, según el Global Industry Valuations Report, publicado por Bloomberg, Statista y el McKinsey Global Institute.
La industria tecnológica lidera con US$38 billones, no como categoría funcional sino como arquitectura sistémica. Empresas como Microsoft, Apple, Amazon y NVIDIA han trascendido su rol operativo: hoy actúan como plataformas donde se construyen ecosistemas laborales, financieros y regulatorios.
NVIDIA, por ejemplo, supera los US$3.3 billones en capitalización gracias a su liderazgo en procesamiento para IA generativa, automatización y modelado computacional de alta complejidad. Su éxito no está anclado en la demanda del presente, sino en su capacidad de anticipar el futuro del cálculo distribuido.
La inteligencia artificial, con US$17.2 billones, se posiciona como industria autónoma y transversal. Su impacto en servicios financieros es inmediato: modelos de inversión algorítmica, neobancos personalizados y segmentación predictiva han rediseñado la lógica del capital.
En América Latina, plataformas como Nubank —con más de 90 millones de usuarios— ejemplifican cómo la IA puede traducirse en escalabilidad operativa, eficiencia transaccional y disrupción comercial.
Este triángulo industrial impulsa industrias colaterales:
- Hardware (US$13.1 billones)
- Software (US$15.2 billones)
- Energía (US$11 billones)
- Semiconductores (US$10 billones)
- Electrónica avanzada (US$10.5 billones)
El crecimiento de la infraestructura digital exige rediseños en arquitectura energética, conectividad, talento técnico e inversión pública. La adopción de estas tecnologías implica decisiones de largo plazo y coordinación institucional.
Para América Latina, el reto no es participar como usuaria sino convertirse en productora de capacidad. Chile, Brasil y Uruguay avanzan en regulación de IA. México y Colombia apuestan por el desarrollo de fintech y agrotech. Panamá explora oportunidades en salud digital e interoperabilidad de datos, aunque carece todavía de una estrategia industrial consolidada.
En términos estratégicos, este mapa económico obliga a líderes empresariales y gobiernos a redefinir prioridades. Las recomendaciones para la región incluyen:
- Invertir en talento especializado en IA, ciencia de datos e ingeniería digital.
- Establecer marcos regulatorios que promuevan innovación con responsabilidad.
- Desarrollar modelos híbridos entre automatización y servicios humanos de alto valor.
- Fomentar alianzas tecnológicas transnacionales para escalar capacidades.
Según el McKinsey Global Institute:
“La ventaja competitiva en la próxima década no será tener acceso a la tecnología, sino saber cómo integrarla estratégicamente.”
En conclusión, la estructura del valor económico global ha cambiado. Hoy, la relevancia no se mide por producto interno bruto ni por capacidad de manufactura aislada. Se mide por la posición en un sistema global de plataformas, algoritmos y decisiones compartidas. Comprender esa lógica es el primer paso para participar en ella.
Publicado por NE360 | Redacción: Ariel Rosas Jr. Fuentes: Bloomberg, Statista, McKinsey Global Institute

